Corruptos todos
- Susana Contreras Leguia
- 21 oct 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 28 oct 2021
Redactador por: Ornella Pérez
21 de octubre del 2021

En nuestro país hablar de corrupción, soborno o fraude que realizan nuestras autoridades, los miembros de grandes empresas o las personas de suma importancia en las cuales de alguna manera hemos depositado nuestra confianza como nación, es pan de cada día. Pues, nos es muy fácil ver lo corrupto que son nuestras autoridades, que ya no visualizamos nuestros pequeños actos que van en contra de la moral.
Aquellos actos desleales que como individuos cometemos a diario, buscando nuestro propio beneficio y que son una forma de corrupciones camufladas como viveza que “no hace daño a nadie”.
La corrupción es la epidemia en la que todos nos encontramos abismados, ya sea como víctima, como beneficiado o ambas partes. El concepto de corrupción no es exclusivo de ningún país o sociedad. Se trata de un problema que forma parte de nuestra mala cultura, ya que la educación viene desde casa, esto va infectando poco a poco o convirtiéndose en una epidemia indestructible a diferentes segmentos poblacionales, partidos políticos y organizaciones estatales. Es así que, corruptos somos todos.
Este virus está presente donde predomina los llamados " regímenes democráticos" y no es peculiar del sector público, ya que, afecta reglas y costumbres que envuelven en el intercambio de economía y actitudes que van en contra de lo moral, relaciones políticas y sociales, como son los casos que ya nadie habla como los casos de Odebrecht.
Y por qué no recordar el gobierno de Fujimori, en el año 2000 donde cayeron jueces, fiscales, procuradores y políticos. Lo cual hoy en día los volvemos a vivir, me refiero a los últimos escándalos de audios y grabaciones sobre Vizcarra que salieron el año pasado, justamente 20 años después, algo que han estallado en los medios de comunicación, así como de autoridades pasadas en los últimos años, de los mismos a los que ni una pizca de honestidad les sobra.
Ex Miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (Iván Noguera, Julio Gutiérrez y Guido del Águila, el ex titular de la corte Superior del Callao, Walter Ríos; y el ex presidente de la segunda sala penal Transitoria de la Corte Suprema, César Hinostrosa Parinachi). Quienes según las investigaciones que publicó el diario El Comercio (Julio, 2018) hablan abiertamente de gestiones que realizaron para beneficiar a las personas de su confianza, entre otros asuntos. Asimismo, lo que ahora está pasando con Amazonas que perdió más de S/ 200 millones por la corrupción durante el 2020, Informa el diario Gestión (Setiembre, 2021).
Pero, la corrupción no es propio de la clase política sino también de la vida cotidiana. Como explica el magister en psicología Juan Camilo Arias de la universidad de San Buena Aventura (2018), que el hecho de que los seres humanos no son conscientes de cómo las acciones a nivel microsocial tienen consecuencias a mayor escala, lleva a pensar que es un hecho simple (no respetar la fila, pasar el semáforo en ámbar, plagiar en un examen, pedir dinero a nuestros padres para nuestros supuestos “trabajos” y más). Es por ello que, Gustavo Muñoz (2015), asegura que la corrupción es muy antigua como el hombre. Surge de las fallas de la moral de los individuos: “Una persona que violenta el arte de vivir en público, cuando esté en la dirección de una instrucción, fácilmente cae en los actos de corrupción”.
Es así que, esta epidemia no solo se trata del gobierno, es más fácil apuntar a las autoridades que obran mal, sin darnos cuenta que este problema empieza desde la miserable educación que nos brindan nuestras familias, un claro ejemplo está en las noticias locales de Tarapoto que hicieron escándalo en agosto del 2016, sobre el pago que realizaron los padres de las tres señoritas para el ingreso a la Universidad Nacional de San Martín, enseñándoles a sus hijos a conseguir logros a cambio de coimas.
En este contexto, tiene que ver mucho nuestra posición de estudiantes como plagiar en los exámenes, algo que parece simple, pero según el sociólogo de la UNP, Héctor Castro “es un ambiente corrupto y podrido” donde escuelas y universidades marcan el futuro profesional de los alumnos; con este accionar estamos en inicios de corrupción cuando no respetamos las normas establecidas de nuestro propio entorno educativo. O cuando vemos a nuestros padres, amigos, tíos primos o algún otro conocido que la policía lo detiene por alguna infracción (cierta o falsa).
Tantas acciones corruptas que cometemos diariamente y no nos damos cuenta que esto poco a poco nos conlleva a casos más graves. Pero, por más que queramos desligarnos de nuestra responsabilidad por la crisis social que asfixia el Perú, pues compartimos demasiados hábitos que nos hacen muy parecidos a quiénes culpamos o criticamos.
Pienso y creo firmemente que esta epidemia está ahogándonos cada vez más, ya que nadie es ajeno a tan grande problemática. Somos personas que comentemos actos que van contra de nuestra sana convivencia sin darnos cuenta, lo cual deberíamos erradicar en nuestras próximas generaciones. Empezando por enseñar a los más pequeños sobre la ética y tal vez hacerles creer con el “miedo” de hacer fraude en cualquier situación.







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