Tenemos miedo
- Dayana Suazo Davila
- 25 nov 2021
- 3 Min. de lectura
Al caer la noche las calles de Lima son un peligro: solas, frías y oscuras. Todos dentro de sus casas escondiéndose del daño humano. Mujeres caminando rápido al compás de su corazón acelerado, rezando al Dios que sea para llegar a salvo a su destino. ¡Puedo jurar que es mi caso!
Redactado por Ornella Pérez

Casos de violaciones sexuales a mujeres sin importar la edad, la ropa o su estilo, es como el pan de cada día. Noticias de cuerpos de hijas, madres, hermanas o primas, descuartizados, enterrados, quemados o abandonados a su suerte. Parecen películas de terror, pero las que al comienzo dicen “basado en hechos reales”.
Soy fan de salir a fiestas y regresar tarde. Sin embargo, me apena decir que tengo que limitarme, porque la seguridad de la ciudad en este país es tan miserable que temo no llegar a casa. Claro, no quisiera darles toda la culpa a nuestras autoridades, ya que mucho tiene que ver la crianza de los agresores.
Sin embargo, son ellos mismos que se dan por vencidos en buscar culpables de feminicidios archivando casos no resueltos de cualquier tipo de violencia hacia la mujer. A esto se suma, que dentro del propio Gabinete dejan pasar ofensas machistas que degradan a mujeres y el pánico sigue aumentando al ritmo que las víctimas de estos casos van sumando.
Tengo 20 años y he vivido en Lima sola desde los 17, por motivos de estudio tuve que dejar mi pueblito tranquilo y aventurar la ciudad de grandes oportunidades o tal vez grandes atrocidades, van de la mano creo. Mis padres viven intranquilos por la fobia de que le pase algo a su pequeña solitaria en el país donde según el Índice de Ley y Orden (GLO) de Gallup 2019, pues es considerado como uno de los 10 más peligrosos del mundo. Solo me toca mandar un mensaje a la hora que salgo de casa y a la hora que llego, agradeciendo a la tecnología que me permite conectarme con mis protectores y decirles que “me encuentro bien” en un lugar donde los enfermos sexuales andan sueltos.
Me resulta imposible confiar mi calma en las manos de Estado, si los que dicen representarnos hacen comentarios machistas, como es el caso del congresista Guido Bellido, que se burló de la congresista Patricia Chiniros, haciendo frases ofensivas “..anda cásate.. solo falta que te violen..”
Asimismo, cuando recibió la carta notarial donde su agresor le pide que retire la denuncia sobre el ataque verbal que le hizo, ella defendió con un discurso breve finalizando diciendo una frase que representa a muchas féminas en este tiempo “las mujeres unidas de todo el Perú sabemos movilizarnos y tomar acciones cuando otros no se atreven a hacerlo”, afirmando así que el Gobierno se queda de manos cruzadas ante estos hechos, lo cual nos obliga a la mujeres a crear nuestros propios mecanismos de defensa.
Tanto miedo a ser víctimas de estos crímenes que nos causa ansiedad cuando nos encontramos solas y vulnerables. Según dice el doctor Américo Reyes “La ansiedad se considera como la respuesta individual a un peligro que amenaza desde dentro en forma de un impulso instintivo prohibido que está a punto de escapar del control del individuo”. Es así que el peligro que sentimos nos va consumiendo.
Al parecer, en nuestro país la búsqueda de justicia por abuso sexual es una pérdida de tiempo. Tal y como lo refleja el caso de Alessandra Bonelli, ex participante de Miss Perú, que cuenta como su entrenador había abusado sexualmente de ella. Sin embargo, al denunciar el caso, los investigadores solo la hicieron sentir culpable dado que aceptó voluntariamente un trago de whisky que, sin que ella lo supiera, contenía un relajante muscular. Bonelli es solo una entre varios ejemplos prominentes de casos de ataques sexuales en Perú cuyas resoluciones han dejado furiosas a las víctimas y a sus defensores. Pero, sobre todo, que los casos quedan sin resolver.
Ante esto, afirmo que tengo miedo de salir de casa, porque al regresar nadie me espera, y puedo decir que lo mismo pasan muchas jóvenes que salen de su nido a volar en un lugar donde según se dice hay más oportunidades, sin darnos cuenta que la pesadilla de ser agredidas recién empieza. Sumando que, si algo nos llega a pasar las autoridades harían caso omiso
¿Cómo se supone que las mujeres se deben sentir empoderadas si nos tratan así cuando damos la cara con nuestras denuncias?







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